Tarde con alientos de hojas resecas encajes añejos de arboles tristes de otoños sin pantuflas de lana descansan las aves los silencios se sienten vacíos pero siempre hay ruidos que crujen paredes el viento se asoma siempre en las esquinas y a cada momento las cortinas están nerviosas arroparse temprano para que la lluvia se columpie en las nubes tejas que piensan en las mariposas desvestidas cerrar el portón cuando las palabras ya no hablan no es un otoño distinto el tiempo aun sigue en los manzanos quebrados la tristeza esta ahí mirando por las rendijas y mis mejillas esperan pálidas el momento de sentarme en el atril del día.
Un otoño también olvidado deja susurros de pájaros solos el orégano ya seco se coloca zapatos lo domestico siempre es mio planchar lágrimas tender pensamientos cocinar otoños siempre mis ojos húmedos y entumecida soledad el hastió ya no se mudo el frió trae canastos con leñas en el delgado hilo de vida me sujeto a las puertas y miro cuanta tristeza tengo las almohadas destiñeron mis cabellos me hace falta campanas sosegadas y meses con murmullos de lirios vivir mi tiempo con otoños despiertos.
Respiran los lienzos de un día domingo donde los pájaros buscan palabras a los nísperos anaranjados las cosas rasguñan pálidas nubes mis ojos tienen sueño la ventana sigue sin bufanda una anemia me abraza sin remedios hace mucho olvide el periódico y solo se cocinar bostezos el silencio me estornuda al borde de las luciérnagas hay manzanas que esperan las lluvias del otoño la soledad se humedece y afuera los zancudos sujetan los hilos de las lágrimas hace mucho las nubes envejecieron.
Atardece con frió las frutas se arrugan siempre mirando por la ventana arropando mi alma con olor a enfermedad dificulto mis movimientos siempre hay otoños con hemorragias silbo al silencio palpando abejas tristes por entre los encajes de las cortinas las mariposas rezan el aliento se hace hondo hay rendijas en cada cosa las pinzas de la ropa sujeta caracoles y el azul gris dibuja azúcar con color a nubes se arrodillan también mis manos entro de pronto al ultimo suspiro cuando se acuestan a mi lado todas las hojas arropadas de amarillo.
No se en que momento desabrigue mi otoño y entumecí mis pies aburridas las tardes paralizan las agotadas viñas están sucias las esquinas el letargo aproxima adormecidos amarillos los terrones hablan de otoños pasados que empujaron margaritas duelen mis codos de tanto mirar en tardes con ventanas gastadas muchas oraciones muchos días abrigándome antes que todo me abandone y se duerma mi lengua quiero disfrutar de mi ultimo otoño.
El sol pinto la mesa con flores hablo al silencio y con trazos gruesos descolgó fotografías la mesa sucia de instantes llorosos se desmaya el murmullo y se arremolinan los vegetales hay un rumor de tardes débiles de amarillos y ocres ajados encojidos los susurros pierden las palabras hay remolinos de otoños que jadean el larguisímo suspiro de los magnolios me avisa que la tarde se recojé que hay que sacudir bolsillos y acostar avergonzados fríos la pimienta estornuda cuando cierro las cortinas.
Fue el otoño que abrió los cajones del día y desparramo las hojas a menudo se tropieza el polvo con el silencio los baúles están sucios hay mucha humedad en los puños de las ropas frutas amargas y tiempos de desteñidos sentimientos palabras que pintaron hadas calcetines llenos de mentiras despedí tantas cosas cuando se hilbanaban nubes y llovían suspiros duro la melancolía con su olor a menta a tardes percanes y a perros solitarios como bofetada descubrí los otoños que despertaban mis murmullos los paraguas muerden arrugas y los muebles descansan las gargantas mañana escribiré sobre los pájaros.
Sutil gesto del otoño que cierra su abrigo y abotona las hojas día de tibio sol que teje amarillos soledad antigua de paredes que articulan palabras y bordan puertas he sentido que noviembre es ausencia que también oxido manzanas y suspiros alargados he dormido largo tiempo amuñando jazmines hay un borde doloroso de mesas sin sombras de acostarse con el rostro astillado otoños donde solo callamos recoger la tarde acostar los entumecidos pájaros abrigar los canastos llenos de hojas barrer caracoles rotos y esperar otro noviembre con muchos cafés junto a la chimenea.
Solían las nubes hablarme bajo de las cajas cerradas deshojadas polillas dormían se tejían alas de madera sombreros colgados con ramas de otoños miran ventanas con flores sin pétalos la casa siempre bajaba los párpados y tragaba silencios susurran limones y cerezas secas entumecidos gorriones siguen llorando en este otoño frió entre mis costuras buscar palabras azules me abracé solo quiero que el viento me siga prometo reír todas las mañanas sacudir los paraguas jirones de silencios de almohadones sosegados morder los momentos cuando la tarde pone distraidos pájaros en mis versos.
El campo reposa la siesta de noviembre con eucaliptos que contemplan golondrinas muchas mariposas colgadas en los alambres heridos de olvidos los espacios vacíos se llenaron de hojas y de alfileres que sujetan abejas los pétalos juntan todas las vocales me duele el sonido de los grillos las hierbas siempre estuvieron sin sábanas el viento empuja a los sollozos que duerman en las ventanas rotas la mesa se queja los tomates rezan la leche silenciosa hierve ya no hay ojales en las puertas roncan los rastrojos del huerto no me gusta que el otoño se vaya en noviembre.
Había una tarde de manzanillas cerrándose como pájaros rendidos se guardan palabras atadas con ciruelas arrugadas deletreo mis ojos y las nostalgias que seco junto a la puerta se que hay una hora feliz de zapatos tibios galletas y azúcar de perdices riendo entre las magnolias remendé el frió y trate de entibiar los sorbos del día el ojal de las flores esta descosido y los atolondrados bolsillos se llenan de calcetines rotos en cajas de cartón se esconden silabas y cosas tontas amarillas asolean sus murmullos.